A la hora de vender aparatos de ósmosis se suele utilizar la electrólisis del agua para demostrar el contenido de supuestos contaminantes en el agua.
La electrólisis es un método que consiste en introducir un electrodo de hierro y otro electrodo metálico (como por ejemplo de aluminio), conectados a una corriente eléctrica, en un vaso lleno de agua.


La cantidad de minerales conductores disueltos en el agua influyen sobre la cantidad de corriente eléctrica que circula. Por lo tanto, la demostración a través de electrólisis del agua se basa en la conductividad de minerales nutricionalmente importantes tales como el calcio, magnesio, sodio, cloruro, y algunos más.


Sin embargo, precisamente los contaminantes no son conductores. Estos son, por ejemplo, pesticidas, disolventes, nitratos, nitritos, amonio, residuos de fármacos y antibióticos, hormonas, bacterias, virus, parásitos, y muchos más. Y, por lo tanto, tampoco pueden hacerse “visibles” por medio de la electrólisis. Esto incluye incluso los metales pesados, debido a que sus concentraciones en el agua son demasiado bajas para este tipo de análisis.


Lo que se decolora en el agua no son las sustancias contenidas en el agua, ni tampoco los minerales conductores. ¡Son sobre todo las secreciones del electrodo de hierro, que se oxidan bajo la influencia del oxígeno libre! Y puesto que prácticamente cualquier agua también contiene sustancias minerales naturales, esta decoloración antiestética simula ante el espectador de tal demostración una contaminación del agua potable. El vendedor enfatizará el experimento con comentarios del tipo: “¡Y esta es el agua que bebe!”.



Mediante la diferente coloración del agua potable normal comparada con la del agua de ósmosis inversa se pretende demostrar la “peligrosidad de su contenido”. En los eventos de ósmosis, los vendedores entrenados sorprenden a su público con esta demostración por electrólisis del agua. El objetivo es tratar de demostrar que el agua potable contiene contaminantes. Así que, no nos dejemos cegar con esto.


Cuando un vendedor de ósmosis le muestre este truco, puede desmontar el truco de la siguiente manera: utilice para la electrólisis del agua un aparato de ionización con electrodos de titanio recubiertos de platino (Lonquell), de esta forma el agua no se coloreará aunque contenga muchos minerales que la hacen altamente conductora.



También puede solicitar que se realice de nuevo la demostración con el agua de ósmosis. Como es de esperar, el agua no cambiará de color. Ahora insista en que el vendedor añada un poco de sal de mesa común al agua de ósmosis inversa. Ahora, el agua de ósmosis se teñirá de color parduzco, igual que sucedió anteriormente con el agua del grifo. Por lo tanto, no son los contaminantes los que se colorean, sino simplemente la sal de mesa que modificó la conductividad del agua.


Marion Kuprat


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